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Movimiento Nacional Reformista
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IDEARIO REFORMISTA

"HAY QUE LUCHAR POR MANTENER VIVO A DEODORO ROCA"

*entrevista a Horacio Sanguinetti

Para el rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, Deodoro Roca es una de las personalidades más importantes del siglo XX, en Argentina. En un diálogo con Segundo Enfoque, Sanguinetti describió el perfil del conductor de la Reforma Universitaria y señaló qué les falta a los líderes estudiantiles de la actualidad.
Por Jesica Bossi

Es un admirador de Deodoro Roca. “En 1956, apareció un gran libro de él que compilaba sus ensayos, artículos y cartas, que provocó en mi generación un redescubrimiento de la figura. A partir de ahí, me he dedicado a mantener viva su figura”, relata Sanguinetti.
¿Cómo era el “Deodoro” del 18?
Deodoro nació en 1890. A los 25 años se recibió de abogado. En 1918, tenía 28 y fue cuando escribió el “Manifiesto Liminar”, o sea que era una persona muy joven para redactar esa pieza ostentosa. En esos tres años, la irrupción de Deodoro en el ámbito cultural argentino fue impresionante. En mi último libro, yo reproduzco lo que opinaban de él en ese momento, todos estaban deslumbrados frente a este tipo de excepción, porque inclusive era muy hermoso, hasta eso tenía. Fue un escritor descomunal. Yo trascribo lo que dice José Ortega y Gasset: “El argentino más eminente que he conocido”. Lo que dice José Ingenieros: “Está llamado a cumplir un papel importantísimo en la vida institucional argentina”. El otro aspecto notable, es el dolor real que produce cuando él se muere en 1942 siendo muy joven. Hay alrededor de 25 poemas que le son dedicados, algunos de ellos de gran belleza como el de Rafael Alberti, y otros no tanto, de gente que lo sentía. Él era de una personalidad avasallante, aún para sus adversarios que no podían sustraerse a su encanto.
¿Por qué es una figura bastante olvidada?
Creo que por dos razones. Primero, porque es un hombre del interior. Esta es una ciudad “vampiro” que le absorbe la sangre al resto del país, pero el interior no le interesa mucho. En segundo lugar, por ser un contestatario. Hay que luchar por mantenerlo vivo.
Cuando Ud. describe a Deodoro Roca lo define como un hombre de acción y de conducta, pero también, de saber, de inteligencia y de pensamiento. Teniendo en cuenta estos conceptos, ¿qué les falta a los líderes de los movimientos estudiantiles de hoy?
Les falta, por lo pronto, trabajar seriamente. Y les falta una cultura, me parece que son de una gran ignorancia, aunque no se puede generalizar, por supuesto. Pero frente a lo que era la formación intelectual de personalidades como las de Deodoro Roca, Saúl Taborda, o Julio V. González, que eran gigantes y tenían una actitud moral espectacular que hoy no veo por ninguna parte. La gente está muy mediatizada, está detrás de las ventajas inmediatas. Además, desde el punto de vista de la preparación intelectual, me parece que hay una decadencia infernal. Para mí Deodoro Roca es el más grande escritor argentino del siglo XX. Lo digo con plena conciencia de la enormidad que eso significa, y puede haber otros escritores como Lugones, Borges, Cortázar, entre otros, que están a su nivel, pero que no están más arriba.
¿Cuál es la magnitud de la Reforma Universitaria del 18?
La Reforma fue un movimiento muy general que, en realidad, apuntaba a males comunes de la universidad latinoamericana. De todos modos, había cosas específicas de cada universidad: la Universidad de Córdoba tenía un perfil clerical y medieval, la Universidad de Buenos Aires era positivista, la de La Plata era cientificista (las tres únicas universidades nacionales que había). Pero tenían un común denominador, en todas estaba faltando algún tipo de participación de la juventud, de moralización de la acción universitaria. Y esto está probado por el hecho de que la Reforma empezó en Córdoba pero corrió como un reguero de pólvora por el país y por América, con particular vehemencia en Perú y en México. En Perú, inclusive, se creó el movimiento del APRA que todavía hoy es un movimiento de gran fuerza política. Y significó entonces, como decía su gran líder Deodoro Roca, la búsqueda de un camino hacia un maestro. Abrieron ese camino los jóvenes, de una manera heroica, no fue gratuita, pasaron toda la vida pagando las hipotecas de esa rebeldía.
¿De dónde venían los líderes?
El movimiento partió de los estudiantes que en principio eran grupos independientes, no pertenecían a partidos políticos y muchas de las principales figuras nunca pertenecieron. El reformista más clásico, sin el cual la reforma hubiera sido inimaginable, que es Deodoro Roca, aunque militó muy brevemente en el socialismo, siempre decía que había hecho desinteresadamente y fuera de los partidos políticos una intensa y riesgosa vida pública. Eran cívicamente muy activos pero en general no tuvieron un compromiso partidario fuerte, en todo caso hasta la década del 30. Entonces, muchos de ellos ante el golpe de Uriburu, fueron a partidos políticos.
¿Cómo reaccionaron los distintos sectores de la sociedad?
Yrigoyen apoyó la reforma, los radicales y los socialistas la apoyaron, como así también una gran cantidad de personalidades universitarias y políticas, desde Leopoldo Lugones hasta Alfredo Palacios. Inclusive, de la línea del Partido Demócrata Conservador, más liberal, como Ramón Cárcano, estuvieron en esa posición. En Córdoba, especialmente los sectores de la Iglesia la combatieron. Después, los sectores reaccionarios y del fascismo de la década del 30 la desmantelaron, mantuvieron una lucha durante mucho tiempo en contra de la Reforma.
¿Qué época de la vida universitaria reivindica?
A partir del 55, cuando yo estaba en el 2° año de la Facultad de Derecho, hasta el 63 y 64. En 1966 fue el golpe de Onganía que arrasó y destruyó la universidad de una manera irreparable porque profesores eminentes se fueron y eso no se reconstruye fácilmente. Se fueron del país a montones, fue una gran sangría. Rescato la “gran universidad” de José Luis Romero y de Risieri Frondizi. En esa etapa yo me formé, fui consejero estudiantil y después inicié mi actividad docente. Era una universidad admirable éticamente, científicamente, la renovación que significó fue impresionante.
¿Qué queda hoy de la Reforma?
Prescindiendo de los artículos estatutarios que se modificaron y de una serie de aspectos que se han aceptado de una manera bastante general -el gobierno tripartito, el concurso para designación de profesores, la publicidad de los actos universitarios, la autonomía universitaria, la gratuidad de la enseñanza- lo que quedó es el impulso moral. O eso es lo que debe quedar de la Reforma. Los reformistas del 18 fueron tremendos en el aspecto moral y en el aspecto de una tarea de servicio a la sociedad a la que pertenecían. Y este mensaje del 18 nos tiene que llegar con mucha fuerza hoy, en un contexto de corrupción generalizada.

http://www.segundoenfoque.com.ar/entrevista_sanguinetti.htm

 

 

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Universidad de Buenos Aires - Facultad de Ciencias Sociales