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Movimiento Nacional Reformista
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IDEARIO REFORMISTA

FEDERACION UNIVERSITARIA DEL LITORAL
LA REFORMA UNIVERSITARIA

*por la Federación Universitaria del Litoral

La historia de un país no la construyen los mártires, ni los políticos, ni los generales; éstos no son más que sucesivos borradores que una sociedad da y sus organizaciones ensayan para su época. En todo caso podría

afirmarse que tal o cual sector ha cumplido un papel más destacado o promotor según el momento que se analice.

De esta forma, entre los muchos ejemplos de procesos de cambio en los que los estudiantes universitarios han participado, hay uno en particular que marcó un punto de inflexión para la Universidad Argentina y Latinoamericana; no sólo en lo que a su organización se refiere sino también en cuanto a sus misiones en la sociedad. Nos referiremos a la REFORMA UNIVERSITARIA DE 1918.La iniciativa de la creación de las primeras Universidades en nuestros país (durante la época colonial) le correspondió a la Iglesia.
Marcada por las tradiciones clericales, la enseñanza superior estaba signada por un fuerte espíritu conservador. Hacia principios de siglo, en la mayoría de las Universidades aparecían ya consolidados rasgos representativos de este viejo modelo: la cátedra como feudo personal del profesor: este determinaba los programas a seguir, la orientación de los mismos, la forma de promoción y aún su sucesor; el ocultamiento deliberado de teorías científicas como la de Darwin o Newton por ser contrarias a la ideología de las autoridades universitarias; la aplicación de una dura disciplina y un culto extremo a tradiciones ya arcaicas por aquel entonces.

Sumados a estos factores, otros (de carácter social, político y cultural), se van conjugando paulatinamente para generar un malestar creciente entre los estudiantes, a partir del cual comienzan a plantearse la necesidad de impulsar reformas.

Algunos de estos factores son:

Intensas corrientes inmigratorias, que alteran sustancialmente la composición social del país, trayendo consigo anhelos de progreso individual y colectivo; y la ley del voto secreto y obligatorio sancionada en 1912, durante la presidencia de Roque Saenz Peña que trae aires de democratización, permitiendo el triunfo de Hipólito Irigoyen en 1916, lo que implica no sólo una renovación en la conducción política sino también en el sustento social de la misma.

Hacia 1918 los estudiantes universitarios ya han materializado sus Centros de Estudiantes, desde los que impulsan huelgas, manifestaciones y petitorios con amplia adhesión. No es extraño que desde Córdoba en particular surjan los reclamos más insistentes. Es en esta Universidad donde los rasgos conservadores de la enseñanza superior se hallan más acentuados.Desde su creación, en 1613, permanecía inmutable y teñida de clericalismo.

¿Qué querían los reformistas? La modernización científica, la gratuidad, el cogobierno y la autonomía universitaria.

Una ordenanza saturó los ánimos: establecía nuevas condiciones de asistencia a clase y se suprimía el internado en el Hospital de Clínicas de Córdoba.

Un telegrama llegó a Buenos Aires. "¿Están con nosotros?". La FUBA contestó: "Estamos en el espíritu y en el corazón". La FUA, creada 2 meses antes como central de los universitarios, apoyó la rebelión.

Los reclamos no fueron atendidos. El 20 de marzo, el consejo superior resuelve no "considerar ninguna solicitud". El 31, los jóvenes proclaman una huelga general y piden la intervención de la Universidad.

Un interventor

Los estudiantes logran su propósito. El presidente Hipólito Yrigoyen nombra interventor al procurador de la Nación José Matienzo. Comprueba irregularidades, propone democratizar el estatuto y declara vacantes los cargos de rector y decanos.

No obstante los avances que implica la nueva normativa, los estudiantes quedan excluidos del proceso de elección de las autoridades.
El 15 de junio faltaba designar rector. El candidato reformista era Enrique Martínez Paz y el de la Universidad de Córdoba, Antonio Nores. Hubo dos votaciones y ninguno obtuvo mayoría absoluta. Se hizo una tercera en la que ganó Nores, pero no se proclamó ganador.

Irigoyen escuchó sus pedidos. Atrás quedaba un sistema universitario de corte feudal.

¿Qué significo la Reforma Universitaria?

Córdoba era la típica ciudad colonial americana. Fundada en 1573 por Jerónimo Luis de Cabrera, ya tenía Universidad en 1614, la cual le ha prestado su sello peculiar. La Universidad era medieval y monástica, retrógrada e indiferente a la vida, sujeta a latines y silogismos. Se regía por académicos ad vitam " que confundían el reparto de prebendas con la misión docente". Esto en 1918, cuando las circunstancias ya estaban cambiando en el mundo y en nuestro propio país.

Tres acontecimientos importantes van a permitirnos cierta precisión del ambiente en el que se desarrolló la Reforma Universitaria: a) la Primera Guerra Mundial, que hizo comprender a muchos el por qué de las luchas antimperialistas que se repartían mercados lo mismo que triunfos bélicos; b) la Revolución Socialista Soviética de 1917, que llevó por primera vez al poder en un Estado moderno a un partido bolchevique; c) el gobierno radical de la Argentina, elegido en 1916 por el sistema de la ley Sáenz Peña (de sufragio universal, secreto y obligatorio), que trajo al plano político a la clase media en la persona del caudillo Hipólito Irigoyen.

Nuestro país quería dejar de ser únicamente feudo de estancieros y terratenientes, y comenzaban a advertirse grietas en su estructuras pastoril hasta entonces inconmovible: no bien se desplazó a ciertas fuerzas reaccionarias de algunos puestos oficiales, éstas fueron a refugiarse a la Universidad para reafirmarla en su condición de reducto conservador. Los académicos de Córdoba eran fieles representantes de su clase y de sus intereses: "designaban profesores de entre sus familiares o allegados, confeccionaban los planes de estudios, controlaban la formación de las nuevas generaciones para mantenerlas sujetas a las cadenas semifeudales".
Los estudiantes que se decidieron a librar la batalla contra la ciencias anquilosada y los viejos dómines, tenían la sensación de estar "viviendo una hora americana", de estar "pisando una revolución". El país se llenó de sus gritos, de sus discursos, de sus tribunas, de sus declaraciones. Las fuerzas populares en general dieron apoyo al movimiento; gran parte de la prensa se puso a su servicio; el gobierno lo toleró quizás por entender que iba también contra las fuerzas que él mismo combatía.

Como de costumbre, pequeñas causas en apariencia produjeron grandes efectos: la supresión del internado en el hospital universitario de Córdoba provocó la declaración de huelga en toda la Universidad, el 31 de marzo de 1918. Se llegó a solicitar, en ambiente caldeado, la intervención del gobierno nacional. El enviado, José N. Matienzo, confirmó las denuncias estudiantiles sobre el estado de cosas, y propuso algunas reformas. Ello no pareció importar demasiado a los profesores reaccionarios, que se reunieron para elegir rector en el Salón de Grados de la Casa de Trejo; antes de que se consumase los estudiantes se apoderaron del Salón, de la Universidad, y arrojaron de ella a los vetustos profesores. Nueva huelga general universitaria: 15 de Junio de 1918.

La organización estudiantil centralizada y lo popular de su causa permitieron este golpe de audacia. El gobierno vacila, pues comprende que una nueva intervención tendrá que dar amplio cumplimiento a los pedidos estudiantiles. Se viven meses agitados, prueba de la madurez alcanzada por la lucha. El 15 de agosto, los muchachos voltean la estatua de un tal Sr. Garcia, cercana a la Universidad, y colocan un cartel: " En el país faltan estatuas, sobran pedestales". El morado de las casullas de los obispos, que los enfervorizados estudiantes cordobeses enarbolaban como trofeos, pasó a ser desde entonces el color distintivo del movimiento. Se reanudan parcialmente algunos cursos, pero los estudiantes se acantonan y resisten a las fuerzas policiales: sólo el ejercicio los sacará de la Universidad. Uno de los líderes estudiantiles, Enrique Barros, es traicioneramente golpeado: el país entero se indigna. El interventor es nada menos que el doctor José S. Salinas, ministro de Justicia e Instrucción Pública del gabinete de Irigoyen lo que demuestra la importancia nacional que había adquirido el conflicto. Se suscribe un decreto de reformas el 12 de octubre de 1918. La primera batalla se había ganado y quedaba en las jóvenes conciencias el convencimiento (que a veces se olvidó, que a veces se dificultó intencionalmente) de que los movimientos importantes en la historia patria no se logran si no van del brazo todas las fuerzas progresistas del país. Ya se comprobaban las certeras palabras de Deodoro Roca, una de las figuras más serias de este difícil tiempo nuevo": "No existe la dualidad del universitario y del ciudadano. El puro universitario es una monstruosidad".

De Córdoba al País

La Reforma prendió rápidamente en Buenos Aires y La Plata, y luego se extendió por toda América Latina. "Desde esta etapa inicial del movimiento, los estudiantes actúan estrechamente unidos a todos los sectores progresistas, y en especial, al movimiento obrero, comienzan a precisar su contenido social, tanto en los programas como en la acción Comprueban sus condiciones lamentables de vida y de trabajo, tan alejadas, sobre todo en el interior, de ese standard elevado que los turistas imaginan porque ven por las calles obreros más o menos bien vestidos. Los estudiantes apoyan los movimientos huelguistas de los obreros; participan con las organizaciones proletarias en comités de lucha contra la ley de residencia y la llamada defensa social; bregan en conjunto por las libertades públicas; actúan en común con las organizaciones populares en las reclamaciones contra la carestía de la vida".

Por esa época se constituye la Federación Universitaria Argentina (11 de abril de 1918), que comprenderá en su seno a las diversas federaciones estudiantiles de cada Universidad (Buenos Aires, La Plata, Córdoba, etc.). Cada una de estas últimas se integrará con un centro o asociación de estudiantes por cada facultad (Centro de Estudiantes de Medicina, de Derecho, de Ingeniería, etc.). Esta organización resulta similar en líneas generales a la actual. La F.U.A. adoptará con el correr del tiempo actitudes y decisiones de gran importancia. Muchos ojos de estudiantes latinoamericanos van a fijarse en nuestra Federación Universitaria Argentina, y llevarán adelante intentos propios de reforma en sus patrias de origen.

Córdoba se convirtió en pocos años, en pocos meses, en el símbolo de la rebeldía estudiantil para toda América Latina. Los hechos y su pequeña leyenda trascendieron las fronteras argentinas y fueron a redoblarse en otros países del continente.

El grito del 18´ y su Manifiesto Liminar ("La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América", del 21 de junio de 1918) prendieron en casi todas partes.

En Perú, por ejemplo, la Reforma encontró un líder estudiantil extraordinario, Victor Raul Haya de la Torre, que dio renovado impulso al movimiento.

Características originarias de la Reforma Universitaria

Hija legitima de la realidad social, la Reforma Universitaria llevó este sello desde la primera hora Estudiémosla en su nacimiento para que comprobemos la verdad incontrastable del acierto. Hubo de ser Córdoba, en la vetusta Universidad mediterránea. Allí estaban más evidentes y palpables los males del régimen, del sistema que caducaba. La Casa de Trejo era el baluarte que mayor resistencia ofrecía al avance que se iniciaba. Por eso, la primera voz de protesta, el primer grito de rebeldía, agrio e insolente, surgió de labios de los estudiantes cordobeses, insinuándose desde el instante inicial la significación esencial del movimiento La juventud salió a la calle para volver de ella contra la Universidad. Tomaba desde el primer momento el contacto popular, obedeciendo así a las causas mediatas e inmediatas que habían determinado su actitud. Porque -ya lo hemos visto-la Reforma Universitaria no fue el fruto de la concepción abstracta, ni el triunfo de una escuela filosófica, ni la imposición de un grupo de mentalidades privilegiadas; fue la explosión de un estado de conciencia social que se había formado alrededor de los cristalizados centros de cultura. Veámoslo sintéticamente.

La circunstancia ocasional del movimiento cordobés, fue distinguida por sus promotores como la necesidad de la reforma de los estatutos universitarios. Se quería un nuevo sistema para la renovación de los consejos, para la elección de los decanos y del rector, para el funcionamiento de la docencia. Luego se llegó al grado máximo de las pretensiones, exigiendo la participación de los estudiantes en la dirección de la universidad.
Pero si estas eran las cuestiones puramente universitarias, ¿qué necesidad había de salir a la calle para resolverlas? ¿Qué lógica podría explicar la aparente incongruencia entre los fines y los medios? Se proseguía una reforma universitaria, esto era claro, y nadie habló en el primer momento de otra cosa, aunque el programa de acción contase con algunas ideas generales. Bien es cierto que se proclamó la democracia, la abolición de privilegios, de oligarquías, de dogmas religiosos; pero todo ello era como males arraigados en la universidad.

Pues bien; no obstante el título de Reforma Universitaria y el planteamiento de problemas universitarios, los estudiantes salieron a la calle, se confundieron con la masa social y cuando hubieron conquistado la conciencia nacional, volvieron contra la universidad y se apoderaron de ella. ¿Qué consecuencia tuvo esto? La más trascendental: que los estudiantes regresaban a la casa de estudios llevando el espíritu de la obra realizada en la calle, impregnados de la sensibilidad popular, con el sello de la realidad ambiente, con las palpitaciones del alma colectiva.

Quedaba así definitivamente avasallada la vieja universidad, para ser suplantada por la nueva, la que se plasmaba como una resultante del medio, la que se erigía como un regulador de la sociedad, la que viviría, en fin, según el concepto vigorosamente impuesto de la función social.

Apuntemos los hechos culminantes. A fines del año 1917 fueron las primeras manifestaciones de descontento, a raíz de la supresión del Internado de los estudiantes de medicina en el Hospital de Clínicas. Al inaugurarse los cursos de 1918, las protestas se concretan y se amplían. El Consejo Superior no cede, muy lejos de suponer que aquello era un síntoma de algo más grave. Se decreta el fin de la huelga general, la inquietud sube de punto y tiene que venir la intervención nacional, a cargo del Doctor José Nicolás Matienzo. El interventor no presumió tampoco la profundidad del conflicto y la naturaleza del descontento, y se redujo a reformar los estatutos de acuerdo con los que requerían en la universidad más moderna: la de La Plata.

La intervención dejó montado el nuevo mecanismo, que satisface a los alumnos, y se realiza con todo entusiasmo la campaña para la elección de las nuevas autoridades, de rector abajo. La agitación con tal objeto se efectúa hasta ese momento dentro de los círculos universitarios, sin dar intervención a la colectividad.

Llega el 15 de Junio, día de la elección, y la tendencia estudiantil es derrotada. La juventud despierta entonces a la realidad de un problema que ella había planteado sin conocer el verdadero valor de sus términos, y a la verdad del momento que vivía. Si reformados los estatutos de acuerdo a sus aspiraciones eran igualmente derrotados, ¿dónde residía el mal? Si la modificación de los mismos no daba el triunfo al nuevo espíritu que aquellos encarnaban ¿qué era necesario hacer? Si a pesare de su campaña llevada con los mejores auspicios, caían vencidos ¿qué medios era menester emplear?

El mal no estaba en los malos estatutos, sino en la tendencia, en el régimen, en los hombres que denominaban en la universidad y fuera de ella. La reforma de los estatutos no podía ser todo el fin del movimiento; había vicios más hondos, que escapaban a un programa basado únicamente en ello. Los medios empleados, las fuerzas puestas en juego, eran insuficientes. Los estudiantes solos no vencían jamás, porque la profundidad de aquellos males exigían la intervención de otros elementos, de otras fuerzas.

Para decirlo de una vez, los estudiantes fueron derrotados porque no habían acudido al seno de la sociedad, que era la que en realidad planteara el problema por intermedio de ellos Instantáneamente lo comprendieron y fueron al seno de la colectividad. Hablaron al país, a la América toda. Ampliaron el horizonte, enarbolando ideales más compresivos; fueron en fin, al fondo de la cuestión, al problema social que le momento histórico por que atravesaba el país y el mundo, tenían enunciado. Todo lo dice el manifiesto que después del 15 de junio, dirigieron: "a los hombres libres de Sud América". Entonces gritaron: "Estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana".

Observándose lo que era la Reforma Universitaria, cómo se iniciaba y cuál era el tono de su primer vagido Pero aún agregaban": la redención espiritual de las juventudes americanas es nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades los son -y dolorosas- de todo el Continente".

Llegaron desde ya a concretar algunos postulados, y así hablaron con rabia y con desprecio, del "arcaico y bárbaro concepto de autoridad". Lanzaron su desafío al Orden, así, en genérico, y como sinónimo de opresión, porque -decían- "si en nombre del Orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado de insurrección". Señalaron con índice acusador, como al mal comprensivo de todos, al clericalismo: "no podíamos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa", "y entonces dimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical". Por cierto que resultó justa esta aventurada afirmación, porque en todo el transcurso de la cruenta jornada, fue el clericalismo su enemigo más tenaz, el único quizás que tuvieran, porque es el parásito odioso que se prende con saña a todo retoño de libertad y de progreso.

Estos fueron los postulados primeros de la Reforma Universitaria, y los que hasta hoy perduran y se imponen como puntos del verdadero y genuino programa reformista, abrazado al nacer por la nueva generación. No faltó por supuesto, el que hoy es el eje del movimiento dentro de la universidad, es decir, la injerencia de los estudiantes en el gobierno de la casa. Reclamamos -se dijo en la primera hora- "un gobierno estrictamente democrático, sosteniendo que el "demos" universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio, radica principalmente en los estudiantes".

Así comprendida la situación, así interpretando el movimiento histórico, se lanzaron a la calle a realizar su prédica, a vivir su vida, a entregarse en brazos del pueblo que los esperaba Así se inició en la vida nacional la nueva generación, saliendo de las aulas en son de franca rebeldía y de protesta contra la universidad que pretendía amamantarlos con una ideología exhausta, agitada por una honda inquietud renovadora y encendiendo los ideales imperecederos de libertad y redención para los hombres.

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