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POR QUÉ NUESTRA AGRUPACIÓN SE LLAMA ALFREDO BRAVO

Cuando un conjunto de compañeros y compañeras de la Facultad de Ciencias Sociales decidimos constituir una agrupación estudiantil, elegimos para la misma el nombre de Alfredo Bravo.

Lo hicimos con el convencimiento de que el nombre debía representar una serie de valores que creemos imprescindibles para la defensa y la reconstrucción de la Universidad Pública sobre nuevas bases e identidades.

Bravo porque fue maestro, defensor de los derechos humanos. Bravo porque fue un hombre del pueblo y en esa trayectoria, compromiso, acción y coherencia, fueron una misma cosa. Bravo porque los estudiantes podemos encontrar ejemplo fecundo para inaugurar otros futuros posibles.

Por eso es que queremos que se conozca la vida de un ciudadano valiente; la trayectoria profesional de un educador del pueblo; la vigencia de su pensamiento humanista y a la vez, transformador de la realidad social y política argentina.

Biografía

Alfredo Pedro Bravo nació en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, el 30 de abril de 1925. Siendo niño llegó a Buenos Aires, instalándose en el barrio de Villa Urquiza.
Graduado de maestro normal nacional, inició sus tareas como docente rural en una escuela pequeña en el Chaco Santafecino.
De regreso a Buenos Aires, el joven Alfredo comenzó el derrotero que lo iba a marcar significativamente para el resto de su vida: la militancia gremial y su adhesión al socialismo.
Así, el 11 de septiembre de 1973, este simple maestro de grado que sin descanso transitaba del aula a las reuniones gremiales y de allí nuevamente a las aulas, coparticipó de la fundación de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), una de las conquistas más preciadas de los educadores argentinos.
Su compromiso docente, su dedicación al trabajo pedagógico y sus ideales a favor de una sociedad más justa y solidaria, iban a convertirlo en miembro de la mesa ejecutiva de la flamante CTERA.
Aquellos fueron años de cambios. Los niños que crecieron al calor de Mafalda serían los jóvenes idealistas de los años ’70. Aunque militaban en un espectro de manifestaciones polìticas diversas, todos pertenecieron a una generación que querìa cambiar la Argentina. Todo iba a concluir con la dictadura del proceso de reorganización nacional y con el profundo silencio que sucedió a la represión.
Hacia fines de 1975, la Triple A y otros grupos parapoliciales y paramilitares, comenzaron acciones que resultaron precursoras de la represión que se desataría poco después con el Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.
Fue en aquellos momentos de violencia inusitada que Alfredo Bravo y un pequeño grupo de personas de distintas vertientes ideológico - políticas dieron vida a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Desde ese ámbito, el maestro Bravo atacó la violencia gubernamental y el oscurantismo ideológico que la sustentaba
Unos meses después, el Golpe Militar se propuso acabar de cuajo con la convulsividad crítica de la sociedad. Pero volver al pasado, sólo era posible reprimiendo brutalmente toda manifestación político - cultural progresista.
La Dictadura Militar (1976-1983) produjo decenas de miles de muertos, desaparecidos, presos políticos y exiliados. La figura del desaparecido pasó a ocupar un lugar siniestro en el imaginario cultural de los argentinos. A la vez, el Proceso de Reorganización Nacional, consideró a la educación como un campo fértil en el que habían madurado las “nuevas ideas”. En consecuencia, se propuso arrasar con toda expresión cultural alternativa y en buena medida, lo logró: Se intervinieron las universidades, se quemaron libros, se censuraron autores, los intelectuales fueron perseguidos, se criminalizó la disidencia y los educadores comprometidos con la educación pública, popular y la igualdad de oportunidades y posibilidades fueron desaparecidos.
En este cruento escenario histórico, Alfredo Bravo fue secuestrado por un grupo de tareas, el 8 de septiembre de 1977, mientras daba clases en una escuela para adultos. Permaneció desaparecido hasta el 20 de septiembre y recién fue liberado dos años después, en 1979. Torturado brutalmente durante su cautiverio, Bravo sostuvo dignamente su condición de militante solidario: jamás delató a nadie ni dio información respecto de las organizaciones en las que participaba.
Reinstaurada la democracia en diciembre de 1983, fue designado por el gobierno constitucional, Subsecretario de la Actividad Profesional Docente del Ministerio de Educación. Al asumir su nuevo cargo, renunció como Secretario General de la CTERA.
La sanción de las leyes de obediencia debida y punto final, lo posicionaron en un lugar crítico. Frente a tamaño retroceso, frente a la expiración de toda voluntad de justicia, Alfredo Bravo renunció a su cargo en el Ministerio de Educación de la Nación.
En 1991 fue electo diputado nacional, cargo para el que fue reelegido en 1995.
Murió sin haberse podido sentar en la banca de senador por la Capital Federal que legítimamente obtuvo en los comicios de octubre de 2001.
Fue un educador libertario, un extraordinario luchador y garante de la educación pública, laica, popular y universal. Fue un militante sindical democrático, honesto, transparente, un trabajador sin privilegios y un defensor inclaudicable de los derechos humanos.
Nos heredó su humanismo, su obstinada coherencia política, su compromiso con la escuela pública y la defensa de la vida; nos heredó también su coraje cívico, su integridad moral y su trabajo cotidiano a favor de los que más sufren.

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© 2004-2006, Agrupación Socialista Alfredo Bravo
Universidad de Buenos Aires - Facultad de Ciencias Sociales